Viajar por la costa swahili II

KILIFI

Desde Diani Beach, desandamos nuestros pasos en tuk-tuk, matatu y ferry hasta llegar de nuevo a la isla centro de Mombasa, para coger un nuevo matatu al norte que nos dejara en otra de las maravillas de la costa swahili: Kilifi. Antes de llegar, pasarás por un puente con vistas a la gran ría azul que surge desde el Índico, y que contrasta con el verde de la vegetación costera a ambos lados del puente. Acuérdate de mirar a tu derecha porque la imagen se te quedará grabada en la memoria! Afortunadamente, una tarde que había llovido, nuestras vistas de la ría fueron acompañadas por un precioso arcoíris.

 

 

Llegamos a la hora de comer con el estómago más vacío que nunca y un calor de campeonato, por lo que en la estación de matatus nos metimos en Village Dishes, un restaurante local que recomendaban en Los viajes de Nena. La comida está muuuuy rica, te ponen gran cantidad y el precio es más que asequible!

Después fuimos a un Tuskys cercano –el supermercado más frecuentado de Kenia– para comprar cena ya que el hostel al que nos dirigíamos tenía cocina para lxs huéspedes. Distant Relatives está a las afueras de Kilifi y debes coger una mototaxi que te lleve por los caminos de tierra adentrándote en la naturaleza. A la derecha del recorrido hay una pequeña aldea con chozas de barro donde sus escasxs habitantes llevan su vida rural y lxs niñxs te saludan cuando pasas. Es una estampa típica y preciosa.

 

 

DISTANT RELATIVES

 

Distant Relatives es en realidad un eco-lodge con piscina, cabañas de madera y zona de camping, donde se ama la vida y aprendes a respetar la naturaleza. Todo su funcionamiento y sistema aprovecha los recursos naturales para ofrecer un servicio original, amable y único. Nosotrxs nos quedamos impactadxs con la belleza del lugar y las ganas que nos entraron de quedarnos allí una temporada. El personal es muy agradable y siempre anda correteando por ahí Mowgli, un precioso perro sin dueño que vive en el hostel y es amigo de cualquiera que le toque!

 

 

Las duchas (de agua fría) se encuentran escondidas entre un pequeño bosque de bambú, de manera que te duchas al aire libre en plena naturaleza y hasta te sientes más a gusto por ello. El agua desechada se recicla para regar, y los baños con váteres de madera se encuentran sobre un agujero por el que debes echar, cuando terminas, hojas secas del bosque amontonadas en una cesta. De este modo, cada mes se vacía el contenido y se deja durante 6 meses en unos bidones convirtiéndose en compost para abonar la tierra. También tienen un huerto y un corral del que cogen los huevos para cocinar.

 

 

Pero la mayor curiosidad se esconde en una diminuta playa interna a la que únicamente se accede a través de este hostel por un caminito iluminado por botellas recicladas: en las noches despejadas y con luna nueva, si tienes mucha suerte, puedes ver la bioluminiscencia del plancton en el mar, que brilla cuando lo activas con tu movimiento al nadar.

Nosotrxs no vimos este impresionante fenómeno a pesar de que bajamos todas las noches a la playa, pero eso no significa que no ocurra! Aún así, tuvimos cierta suerte: los viernes es noche de pizza en el hostel, eliges cuál quieres y por 600kes te la hacen en un horno de barro. Están riquísimas, tanto como para que vaya gente que no se aloja ahí! Es un día muy conocido en Kilifi y el hostel se llena más aún de vida.

 

 

KURUWITU MARINE SANCTUARY

 

En la recepción de Distant Relatives le comentamos a una empleada que queríamos hacer snorkel por la zona pero no nos apetecía ir a una excursión organizada como la de Diani Beach, en la que vimos la vida marina pero no en su máximo esplendor. Nos comentó que conocía a un hombre que podía enseñarnos una de las mejores zonas del mundo para hacer snorkel, pues se trataba de un arrecife de coral protegido poco transitado. Llamaría a otro colega para que nos llevara en moto hasta allí, y en pocos minutos ya estaba el plan cerrado! “En total tendréis que pagarles 2000kes y 500kes” – nos dijo. 

Con nuestras gafas y tubos, montamos en la moto e hicimos un viaje de 45 minutos cruzando pueblos, aldeas, campos y selva. Nos encantó ir más deprisa que nunca en Kenia con el viento soplándonos fuerte y el sol tostándonos la piel.

En Kuruwitu Marine Sanctuary nos esperaba este amable señor con dos pares de escarpines para adentrarnos en el mundo marino. Es una playa curiosa porque hay una larga extensión desde la orilla hasta la línea donde rompen las olas, y entre ambos puntos está todo el arrecife de coral, que no se ve azotado por el oleaje ni ninguna corriente; el agua está totalmente en calma. 

Lo que no sabíamos es que para llegar a donde haríamos snorkel, teníamos que andar 15 minutos entre el arrecife por un auténtico campo de minas: estaba plagado de erizos de mar, de todos los tamaños y en todos los rincones, con enormes púas negras asesinas. Debíamos seguir los pasos de aquel hombre que se conocía el camino a ciegas porque si dábamos uno mal, adiós pie! También había preciosas estrellas de mar más grandes que nuestras manos 🙂

Después de un mal trago, empezamos a nadar entre el coral y los peces: aquello era precioso, nunca habíamos visto en persona tantos bichejos marinos en libertad, algunos que ni si quiera sabíamos qué eran o si al menos tenían ojos. Los corales eran enormes y nos sorprendió comprobar que son duros como piedras y que raspan como lijas. Debíamos tener mucho cuidado porque allí también había erizos por todas partes, más grandes incluso, y podías pincharte con algún movimiento incontrolado. Nos encantó que el guía nadara también a su aire y no nos pusiera límite de tiempo; fuimos nosotrxs quienes decidimos cuándo terminar con el snorkel y nos acompañó de vuelta a la playa. 

 

 

 

Tras llamar de nuevo a nuestro amigo motorista para que nos llevara de vuelta a Kilifi, pagamos al guía los 2000kes por la excursión y nos fuimos. Al bajarnos de la moto, pagamos al conductor 500kes como nos había dicho la recepcionista, pero nos pidió los otros 1500 restantes . . .   Resulta que eran 500kes para el guía y 2000kes para el motorista; pensábamos que era al revés y eso nos pasó por no asegurarnos y dar por hecho las cosas! El guía se habría pensado que estábamos dándole una generosa propina y lo aceptó sin decirnos nada. Acabábamos de perder 13€ por tontxs 😀 

A pesar de nuestra desaventura, recomendamos enormemente hacer snorkel en Kuruwitu Marine Sanctuary, siempre con un guía que sepa dónde pisar. Además de que merece mucho la pena ver esa maravilla que esconde el mar, es muy barato y te cobrarían una barbaridad por la misma actividad si la zona estuviera más explotada. Hay que aprovechar estas oportunidades que casi nadie conoce! 

WATAMU

A una hora de Kilifi se encuentra Watamu, un pequeño pueblo bien conocido por su inmensa playa albina que invita a dar un largo paseo en su extensión hablando de todo y nada. Una vez más desearías no haber ido en esa época en la que te ahogas en un mar de algas en la orilla peeeero es lo que hay, y con la marea baja puedes mojarte los pies un buen tramo hasta admirar el verdadero color turquesa del agua 🙂

 

 

 

 

En un extremo de la playa descansan las barquitas esperando a ser recogidas al día siguiente, y siempre hay algún pescador que se atreve a buscar pececillos con una red entre sus manos. Quédate un rato admirando esa escena tan calmada para contagiarte de paz, no vas a arrepentirte!

 

 

 

 

Por la zona se encuentran las Ruinas de Gede (500kes/4€), un pueblo abandonado en el siglo XVIII que abre la puerta a la naturaleza de la sociedad swahili. Nosotrxs decidimos no ir por tiempo y porque no sabemos admirar durante mucho tiempo el arte de la arqueología, pero te animamos a que tú sí disfrutes, por ti y por nosotrxs, de este misterioso lugar.

Nuestra idea era visitar Watamu Turtle Watch, un centro de rehabilitación y protección de tortugas marinas. Cogimos una mototaxi para que nos llevara pero hubo un malentendido y acabamos en medio de la selva, al borde de unos manglares, interrumpiendo a un hombre que estaba despellejando a una cabra degollada colgada de una rama. Esa, esa imagen que se te va a quedar siempre en la memoria a pesar de que tardaste dos segundos en apartar la vista cuando te diste cuenta de lo que pasaba. El mototaxi se reía de la situación; ellxs están acostumbradxs y les sorprende que a nosotrxs nos parezca desagradable.

Con los pelos de punta le pedimos que nos llevara al verdadero Watamu Turtle Watch y una vez allí, nos llevamos una decepción. Ese día no había ninguna tortuga así que nos quedamos con las ganas pero aún así, te recomendamos que vayas porque sabemos que merece la pena!

Caminar por Watamu para volver a Kilifi nos hizo pensar que en la costa de Kenya se respira otro aire; sientes una libertad personal exenta de materialismos y el tiempo, que ya de por sí lleva otro ritmo allí, parece que transcurre con cuidado para complacer a todo el mundo. Es algo extraño, pero ya verás cómo en la costa swahili te sientes más ligerx.



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