NYALI 

Quedaba poco para volver a Nairobi y pasamos el penúltimo día en Nyali, una concurrida playa al lado de Mombasa donde el nivel de vida es alto. Llegamos en matatu cuando diluviaba y fuimos directxs al hostel más barato y decente que habíamos visto de la zona: Tulia House Backpackers. Como nuestra tienda de campaña estaba mojada por fuera, pasaríamos la noche en una habitación compartida sin paredes durmiendo en dos hamacas colgadas del techo (900kes/7-8€ por persona). Sin problema!

 

 

Paseando por la playa descubrimos que Nyali tiene mucho más ambiente del que imaginábamos. Había familias bañándose y amigxs jugando al fútbol en la arena, pero no estaba masificado. Era una estampa acogedora y estuvimos un buen rato relajadxs en la orilla mientras atardecía. Había un bar-chiringuito a cierta altura por la habitual marea y subimos a tomar algo, lo cual fue un acierto porque había bastante gente por un partido del mundial de fútbol que empezaba a emitirse. Sin planearlo, pasamos la tarde-noche allí entre gente muy variada y con música en directo! 

La playa de Nyali por la mañana es impresionante y, de hecho, la que más nos gustó. La vegetación tropical acaricia el costado de la arena a lo largo de toda la playa y el agua sigue siendo azul turquesa. En realidad, no sabemos qué tiene Nyali que no tengan las demás playas, pero nos sentimos muy a gusto allí. Nos atrevimos a meternos al agua un rato largo; el Índico está bien frío pero siendo tan bonito el paisaje, se hace menos duro el baño. Además, aún sin hacer snorkel con un material adecuado, vimos algunos peces, erizos y bichos curiosos. La costa swahili nunca te dejará indiferente 🙂

 

 

 

 

Mientras paseábamos y nos secábamos con el calor, decidimos comprarle un coco a un chico que lo peló y partió con su machete. Clara nunca había probado el agua de coco natural y le hacía una ilusión tremenda comerlo por primera vez con aquellas vistas y sensaciones. Vayas a donde vayas en la costa de Kenia, siempre habrá alguien que te ofrezca un coco! 

 

 

 

De vuelta al hostel, en recepción aprovechamos para preguntar por un santuario de jirafas en Bamburi, a 10 minutos de Nyali, porque lo habíamos visto en un folleto.

SANTUARIO DE JIRAFAS “NGUUNI NATURE”

UNA ALTERNATIVA A GIRAFFE CENTER

Giraffe Center es un conocido centro de protección de jirafas en Nairobi, al que teníamos pensado ir para conocer a estos animales de cerca y darles de comer. Pero teniendo la misma posibilidad en Nyali a menor precio, cómo íbamos a desaprovecharlo! Cogimos una mototaxi y, tras la desgracia de caernos de ella en un barrizal porque no salía de allí con el peso de tres personas, por fin nos plantamos en el santuario. Es un poco complicado llegar porque su entrada no llama la atención y está algo escondido, pero el GPS del móvil siempre sabe.

La entrada a Nguuni Nature Sanctuary cuesta 600kes/5€ –frente a los 1000kes/8,5€ de Giraffe Centre– pero hay un largo tramo andando por un camino de arena y barro hasta llegar a la zona del picnic. El cuidador nos sacó un cubo de comida y empezó a llamar a las jirafas, que llegaron poco a poco con ganas de zampar. Aunque había unas cuantas cerca, solo fueron dos las que se atrevieron a conocernos.

Estábamos solxs y por eso pudimos alimentarlas todo el tiempo que quisimos, una razón más por la que fue una buena decisión ir a ese santuario. Otro motivo, a parte del precio, es que no hay ninguna valla que te separe de estos animalillos 😉 Las jirafas tienen una lengua negra larguísima y muy áspera, y su saliva es bastante viscosa. Cuando te lavas las manos después de darles comer, notas como si tuvieras un gel! Muy raro y curioso.

  

 

Al salir del santuario, era la hora de comer para nosotrxs y fuimos a buscar un local por Bamburi. Las calles están repletas de gente, sucias, con tiendas muy básicas, tráfico descontrolado y en general un ambiente precario. Sin embargo, se palpa esa esencia característica de Kenia. 

Volvíamos a Mombasa en matatu para pasar el último día en la costa y coger el tren de vuelta a Nairobi.