día 1

REYKJADALUR

Nuestra aventura comienza en Reikiavik. Llegamos al aeropuerto de Keflavik sobre la 01:00 de la madrugada, por lo que nuestra idea fue dormir en el aeropuerto y, cuando amaneciese, comenzar nuestra aventura, pero . . .  primer error del viaje! Resulta que en este aeropuerto no te permiten estar tumbado en el suelo cuando hay actividad, así que sobre las 03:00 am los de seguridad nos despertaron con unos agradables gritos y tuvimos que maldormir sentadxs hasta que vimos los primeros rayos de luz.

Nuestro objetivo era llegar a Reikiavik ciudad en autostop ya que el aeropuerto está muuuy a las afueras, así que cargamos los macutos y en la carretera de salida del aeropuerto extendimos el brazo y levantamos el dedo. En unos 10 minutos ya había aparecido nuestro primer coche con una majísima conductora, Lucy, que además de acercarnos hasta el centro, nos regaló sobres de comida (cous-cous, sopa y pasta) para cocinar en el camping gas y una bombona medio llena. Esto nos facilitó mucho la comida de los primeros días junto con lo que llevábamos desde Madrid.

  

  

Realmente Reikiavik lo queríamos visitar al final del viaje,  por lo que solo hicimos una pequeña parada para continuar nuestro camino. Y aquí viene nuestro segundo error en el mismo día, ya que en lugar de pedir que nos dejasen en una carretera de salida, nos dejaron en todo el centro bajo nuestra petición.

Salir desde una ciudad haciendo autostop es muy complicado . . . Probamos un buen rato pero finalmente tuvimos que pagar un autobús hasta un pueblo cercano, Hveragerdi, para continuar hacia nuestro segundo objetivo del día: Reykjadalur.

  

  

Reykjadalur es un río de aguas termales que se encuentra a unos 4 km de Hveragerdi. Hay un parking al comienzo de la ruta para poder ir en coche, y desde el parking hasta la zona de baño hay unos 3 km caminando en subida (30 minutos aprox). Merece muchísimo la pena tanto el baño como el paseo. Si eres mochilerx y no tienes dónde dejar el macuto, pregunta en el bar del parking si te lo pueden guardar; a nosotrxs nos permitieron dejarlo allí sin problema y así no tuvimos que cargar con todo el peso.

En Reykjadalur no existían las prisas y la temperatura del agua hacía que te olvidaras un poco de todo. Es prácticamente imposible no relajarte en ese increíble paraje en lo alto de las colinas.

  

  

  

Después del baño, nos dimos cuenta de que el descenso debíamos hacerlo rápido para acercarnos lo máximo posible al Círculo Dorado antes de que acabara el día.

Nos recogió un chico en su coche, que justo salía del parking, y nos acercó hasta el desvío de la Ring Road con el Círculo Dorado. Desde ahí nos llevó un islandés, que iba a su casita de verano por la zona, hasta la entrada al volcán de Kerid. Ya eran las 22:00 de la noche y empezaba a oscurecer, por lo que decidimos plantar la tienda de campaña en algún lugar a orillas de la carretera, para continuar al día siguiente.

día 2

CÍRCULO DORADO

El Círculo Dorado lo forman la impresionante cascada de Gullfoss, el valle de Haukadalur con su Geysir y Stroukkur, y el histórico valle de Thingvellir con su falla téctónica y el antiguo parlamento vikingo.

Nosotrxs, una vez que amanecimos, nos pusimos en marcha y en menos de 10 minutos ya había parado un coche. Casualidades de la vida, nos tocó con Sergio, un chico de Burgos (España) que nos trató con toda la amabilidad y simpatía del mundo durante todo el trayecto compartido.

Él iba también camino a visitar el Círculo Dorado, por lo que nos dejó acompañarle en su ruta. Así pudimos parar en Geysir y admirar un buen rato cómo la tierra escupía agua a varios metros de altura, aunque la fama del lugar hace que esté un poco masificado . . .

Después le tocó el turno a Gullfoss y la verdad es que te deja sin palabras. Puedes optar por ver la cascada desde arriba en un mirador o bajar sus escaleras hasta el borde de la cascada, y nosotrxs no nos íbamos a conformar con el mirador. Es realmente bonito ver su inmensidad, sentirte tan pequeñx a su lado y escuchar su tremendo ruido.

  

  

En nuestra ruta no teníamos pensado parar en Thingvellir (aunque lo hicimos al final del viaje) y Sergio tampoco, así que continuamos con él rumbo al este por la Ring Road. La siguiente parada era Seljalandfoss.

Llegamos allí para comer y el sol se asomó durante un rato, por lo que comimos tiradxs en el césped más a gusto que nunca! Fue una sensación inmensa de paz, disfrutar de esas vistas frente a la cascada mientras llenábamos el estómago echadxs bajo el sol.

  

  

  

  

Después de comer tocaba despedirnos de Sergio, que continuaba su camino. Nosotrxs nos quedamos en Seljalandfoss  para dar la vuelta a la cascada y visitar otra cascada, tímida porque se esconde, pero tan impresionante que deja con la boca abierta: Gljúfrabúi.

  

  

Nos planteamos si quedarnos a dormir en el camping de esa zona pero no tenía las vistas que queríamos, así que decidimos probar suerte y seguir hasta Skógafoss para dormir allí. Dicho y hecho!

Nos recogió una pareja muy agradable de República Checa, Theodor y Agnes, con quienes compartimos un rato de disfrute de la cascada porque también hacían una parada allí. Después, se marcharon para dejarnos en el camping con las mejores vistas de todos los de Islandia.

  

  

día 3

AVIÓN ESTRELLADO Y VÍK

Amanecer con el sonido de la cascada y desayunar con esas vistas es inmejorable, dan ganas de quedarse un par de días más. Pero hay que ponerse en marcha que queda mucho por descubrir!

Nos colocamos de nuevo en la Ring Road para llegar a nuestro siguiente destino, a ese misterioso avión estrellado del que todo el mundo habla pero que en pocos sitios encuentras su ubicación. Al llegar a la carretera, nos encontramos con otra pareja de autoestopistas que iban en nuestra misma dirección, por lo que tocaba esperar, pero la suerte estaba de nuestro lado porque el coche que paró nos recogió a todxs! Era una sonriente chica australiana que viajaba sola por la isla.

Llegar al avión es más fácil de lo que parece: hay un amplio parking al margen derecho de la carretera, del cual sale un camino que te lleva casi directamente hasta el avión. Son unos 45 minutos de caminata, así que prepárate! No queríamos cargar con nuestros pesados macutos y decidimos dejarlos detrás de una gran roca al principio del camino, confiando en que a la vuelta seguirían en su sitio. ¿No es Islandia uno de los países más seguros del mundo? Pues en ese momento lo pusimos a prueba!

A mitad de camino vimos cómo mucha gente decidía desviarse un poco hacia la izquierda, alejándose así del camino marcado. Como humanos que somos, les imitamos, y poco después . . .  Voilá!

  

  

Es un lugar bastante visitado por su singularidad, así que será raro si consigues encontrarte solx para hacerte la foto esperada, aunque la gente suele respetar ese momento. Ten en cuenta que estarás al lado del mar y en mitad de la nada, por lo que soplará bastante el viento. Hace fresquito, ve abrigadx!

  

  

Después de un buen rato curioseando ese escenario tan único y llamativo, pusimos rumbo a la Ring Road para descubrir que efectivamente nuestros macutos seguían donde los habíamos dejado 🙂

Nada más ponernos a la salida del parking, no hizo falta levantar el dedo porque tras un cruce de miradas, un amable hombre estadounidense y su hijo pararon para llevarnos.

Llegando a Vík empezamos a conocer el mal tiempo islandés: mucha niebla y un poquito de lluvia para compensar el día anterior. Cabe destacar que Vík es la ciudad donde más llueve al año de toda la isla. Al bajarnos del coche, fuimos en busca del camping: tiene un comedor/sala común que viene muy bien si quieres cocinar y estar un rato calentito sin mojarte. Además en frente hay una gasolinera y un pequeño centro comercial con supermercado, que nos vino de lujo. Compramos algo de comida y pudimos echar un vistazo en un tienda de material de montaña que poco después nos salvaría la vida.

Nuestro plan era ir a visitar las playas negras, las formaciones de basalto de la zona, y saludar a los frailecillos en Dyrhólaey, pero no dejaba de llover y andando se tardaba más de una hora de ida . . . Pensamos en probar a hacer autostop pero con la lluvia iba a estar complicado. Finalmente, muy a nuestro pesar, desechamos la idea y nos quedamos con las ganas de ver sobre todo a esos curiosos pajarillos tan típicos de Islandia.

A cambio, nos quedamos en el comedor pensando en el día siguiente, cenando calentitxs y relajados sin saber que esa sería la peor noche del viaje.

día 4

HÖFN Y DJÚPIVOGUR

Nuestra tienda de campaña se suponía impermeable –incluso la probamos con una manguera en casa-, pero las noches anteriores siempre teníamos condensación en el interior. Esa noche no dejó de llover en ningún momento y descubrimos que de impermeable tenía poco. Cuando nos despertamos, el suelo de la tienda se había transformado en un desagradable charco que nos mojó casi todo lo que nos quedaba seco (sacos de dormir incluidos) . . .  Fuimos al comedor a secar todo lo que pudimos y a analizar todas las posibilidades. Consideramos que no era buena idea perder un día esperando a que quizá la lluvia diera tregua, ya que se trataba de Vík. Entonces tuvimos que tomar dos difíciles decisiones: comprar una nueva tienda de campaña y coger un autobús hasta nuestro siguiente destino. 

Aquí es cuando la tienda de material de montaña fue como un oasis en mitad del desierto; compramos una tienda que por suerte estaba al 50% de descuento –costando aún así 80 euritos– y que le daba mil vueltas a la nuestra, y a la carrera cogimos el único autobús que pasaba esa mañana en la dirección que queríamos. Lo peor de todo es que Clara me hizo dejar atrás mi querido frontal que había olvidado en el camping porque sino perdíamos el autobús 🙁

El trayecto a Höfn eran unas 2 horas de bus que nos sirvieron para secar las cosas –muy útil meter papel de periódico en las botas para que sequen con mayor rapidez-. En Höfn, que no había nada, decidimos seguir haciendo autostop para acercarnos lo máximo posible al este, hasta Egilsstaðir. Pero claro, hacer autostop mientras llueve no es fácil. Hace frío, estás empapadx, no tienes dónde resguardarte y los coches son más reacios a recogerte por estar mojadx.

Conseguimos que un chico islandés nos acercase de nuevo a la Road 1 -Höfn está un poco alejado de la carretera principal- y ahí esperar a que algún alma caritativa parara. Teníamos toooodo el día y recuerda: siempre acaba parando alguien.

Tras 20 minutos con el dedo hacia arriba, una pareja de Ucrania decidió salvarnos el día llevándonos hasta Djúpivogur. En toda esta zona sureste de la isla no hay nada interesante para visitar, aunque el viaje por la costa te regala unos paisajes preciosos. Consideramos  también que es una de las zonas más difíciles para hacer autostop al haber menos turismo, por lo que nos vino muy muy bien que esta pareja nos hiciese tan fácil esos 100 km de viaje.