día 10

Este nuevo día comienza como de costumbre: buscando un lugar adecuado para que nos recoja algún coche. Nada más llegar a nuestro punto elegido, dejamos los macutos en el suelo y fue como apretar un botón de solicitar coche porque paró uno al instante. En este caso íbamos a conocer a unas hermanas islandesas que se dirigían a una reunión familiar en Reikiavik pero pasaban por Borgarnes, ciudad en la que nosotrxs queríamos bajar.

Ese día no estábamos muy habladores pero las mujeres nos contaron varias cosas interesantes que desconocíamos sobre el país. Por ejemplo, creíamos que el suministro de agua caliente para los hogares es gratuito, pero nos explicaron que no sólo no es gratis, sino que tampoco es tan barato como nos podemos pensar, aunque sigue siéndolo bastante más que en España.

Llegamos con ellas hasta Borgarnes, ciudad que se encuentra al comienzo del fiordo Borgarfjörður al oeste. Nos bajamos con ellas porque había un Bónus, aprovechamos para comprar suministros y cada cual continuar su camino.

Estuvimos reflexionando si realmente teníamos tiempo suficiente para ir hacia la península de Snæfellsnes. Es una zona que debe ser increíble de bonita, pero al tener menos tránsito de coches por no circular por ella la Ring Road, consideramos que para nosotrxs sería complicado movernos y no podíamos arriesgarnos a pocos días de nuestro vuelo de vuelta. Dicho esto, macutos a la espalda, iríamos acercándonos hacia Reikiavik.

Paró de nuevo un coche sin ni siquiera darnos tiempo a levantar el dedo –que facilidad!-. Esta vez conocimos a un hombre islandés un tanto raro, y que si hubiese ido él solo, no habríamos subido al coche, pero iba con una joven alemana. Ella estaba de Workaway trabajando en la granja del hombre. Fuera prejuicios, era una persona muy interesante: llevaba autogestionándose de manera ecológica casi toda su vida, y para ayudarle en el mantenimiento de la granja, acogía a trabajadores/as de la plataforma de Workaway. En ese momento iban hacia la capital a recoger a una nueva persona voluntaria. 

Nosotrxs solo les acompañamos hasta Mosfellsbær, de donde salía la carretera 36 que nos llevaría al que sería nuestro próximo camping.

 

 

En el paseo pudimos disfrutar de darle de comer a dos caballos preciosos que se nos acercaron con curiosidad, y por fin llegamos al que sería nuestro camping favorito, Mosskogar. Está un poco escondido entre la maleza; anteriormente había sido una granja pero todavía conserva rasgos de ella. El comedor-cocina-sala común resulta ser un gran invernadero tunel con dos largas mesas, una encimera con muchos ingredientes y alimentos, y un césped artificial con esterillas. Cuanto menos, curioso. Pero antes de ponernos a comer y tirarnos a la bartola, fuimos a buscar al dueño: un hombre vestido de granjero, con las manos sucias y bastante mal cuidado, que de primeras puede dar hasta mala espina. Nosotrxs y una pareja española en autocaravana éramos lxs únicxs alojadxs. Comimos con ellxs y charlamos un rato; como ya marchaban al aeropuerto, nos dejaron aceite y leche que iban a tirar. De todas maneras, en este camping hay provisiones para aburrir –bombonas, pasta, sopas, cereales, . . .- que la gente deja antes de irse de la isla.

Estuvimos por la tarde dando una vuelta por la zona, muy verde y frondosa, aunque lo único que tiene son más granjas y caballos. Después nos tiramos en el césped del invernadero a ver una peli y descansar. Se agradece enormemente un momento de parón, de relajar las piernas y de tranquilidad.

 

día 11

El dueño del camping nos había dicho que todos los domingos hacen un mercado agroecológico en el camping así que cuando nos despertamos, ya había bastante gente.

Al lado del huerto con sus verduras y hortalizas enormes y bien frescas, hay una zona de madera techada donde se ponen los diferentes puestos. Lxs vecinxs de todas las granjas cercanas van al mercado a vender sus productos, y casi más que un mercadillo, es una buena excusa para juntarse y compartir momentos y comida. Pudimos probar desde diferentes mermeladas y empanadillas artesanales, hasta el famoso pescado podrido que se come en Islandia. También había un hombre cocinando “paella” o al menos eso creían ellxs, porque de paella no tenía nada! Pero aunque no fuese igual, no dejaba de estar buena. También pudimos conocer a una chica islandesa de nuestra edad que había vivido mucho tiempo en España y hablaba perfectamente español.

 

 

Por la tarde, cuando se había relajado todo, el buen hombre del camping nos dio un poco de pan para dar de comer a sus caballos y estuvimos un rato con ellos. Qué bonitos son estos bichos 🙂 Más tarde nos presentó a su mujer y nos invitaron a tomar café en su casita de madera, pegada a la recepción del camping. Parece que les caímos bien! Estuvimos hablando de todo un poco, siendo un intercambio muy  interesante y agradable. Además, se ofrecieron a llevarnos con el coche al parque de Thingvellir al día siguiente; querían enseñárnoslo ya que todavía no lo conocíamos.

Le preguntamos si nos dejaría coger unas hojas de lechuga de su huerto para hacernos una rica ensalada para cenar, y nos lo permitió amablemente! 

 

día 12

THINGVELLIR

Lo prometido es deuda y después de desayunar, nos montamos los 4 en su coche rumbo a Thingvellir. Una vez allí, la mujer nos esperaría al final de nuestra visita para recogernos con el coche, ya que es distinto al punto de inicio. Él, mientras tanto, nos hizo una ruta turística que ni con el mejor de los guías. Nos contó muchísimos datos curiosos tanto de la falla tectónica como del antiguo parlamento vikingo. Además, nos metió por una zona verde para recolectar ricos arándanos silvestres que fuimos comiendo el resto del camino. Ya de nuevo con su mujer, estuvimos bordeando el lago de origen volcánico que se encuentra en el parque, y que es el segundo más grande de Islandia. El agua está tan limpia que es cristalina. Con mucha envidia vimos cómo se sumergían y buceaban quienes pueden permitirse pagarlo, ya que en las profundidades del lago se encuentra la falla que forman las placas tectónicas euroasiática y norteamericana.

De nuevo en el coche, fuimos con ellxs a ver otra vez el Geysir; estaban tan ilusionadxs que nos dio pena decirles que ya habíamos estado. Aún así, volvimos a disfrutarlo como la primera vez!

Para terminar la jornada, nos llevaron a una granja cercana donde venden helados artesanos tremendamente ricos! Dicen que los mejores de la isla. Nos invitaron a uno y nos pusimos las botas, qué tamaño y qué sabor! Lo más curioso de esta granja es que desde dentro puedes ver el establo donde se encuentran las vacas que aportan la leche para esos helados.

Nunca podremos estar más agradecidxs a esta pareja tan noble. Nos trataron como si fuésemos sus hijxs y no encuentras personas así todos los días. No podemos hacer nada más que recomendar su camping a todxs quienes nos leáis, por si podéis pasar por allí si tenéis la oportunidad de viajar a Islandia!  [Camping Mosskogar]

Para ponerle punto y final a su amabilidad, la mujer nos acercó hasta el camping de Reikiavik que le dijimos, pues iría a la capital por unos asuntos personales y quería hacernos ese último favor. Incluso había intentado que durmiésemos en casa de su hermana, pero por lo visto no estaba en la ciudad. Nos despedimos con mucha pena de ellxs porque pasamos un tiempo mágico juntxs.

 

últimos días

REIKIAVIK

Los últimos días que nos quedaban los pasamos en la capital de este bello país. Una vez instaladxs en el camping, fuimos al centro de la ciudad a dar un paseo y conocer más cosillas de Reikiavik.

Es una ciudad bonita, pero la verdad es que, una vez vistas las maravillas que esconde este país, la ciudad sabe a poco. Tiene una mezcla entre rasgos de otras ciudades europeas y rasgos propios, como la arquitectura dominante de la zona de casas bajas y exteriores de maderas pintadas.

Probablemente lo que más nos gustó fue la zona centro con sus calles con tiendecitas y bares que dan vida a la ciudad. La iglesia de Reikiavik, Hallgrímskirkja, es muy curiosa y llamativa; se puede subir hasta lo alto por un módico precio para apreciar las vistas de la urbe.

También aprovechamos la tarde para visitar a nuestra amiga Lucy, la primera que nos recogió del arcén de la carretera del aeropuerto nada más llegar a la isla. Trabaja en un local de zumos naturales, donde fuimos a verla y como recordábamos, nos recibió con su amplia sonrisa. Por si fuera poco, nos invitó a un zumo a cada unx. Qué amor de persona!

Hay posibilidad de moverse por la ciudad en autobús y no son caros. Si tienes poco tiempo o si la lluvia te persigue, úsalos!

Nuestro último día aprovechamos para hacer un free tour: son visitas guiadas por la ciudad, de 2-3 horas de duración, que no tienen un precio cerrado y cada persona aporta económicamente lo que considere a través de “donaciones” o “propinas” que entregas al propio guía al final del tour. Nosotrxs abandonamos el tour poco después de empezar . . .  el guía no nos gustaba mucho, no estaba pareciéndonos muy interesante lo que contaba y empezó a llover con fuerza. Suficiente para huir a una pastelería a zamparnos el típico rollo de canela. Braud & Co es el local más bonito de Reikjavik, pues su fachada la decoran pinturas abstractas de vivos colores que le dan un toque de alegría a la calle Frakkastígur. Tiene los cinnamon rolls más blanditos y ricos del mundo!

El resto del día lo pasamos dando una vuelta, tomando algo en los bares de la zona y, para comer, un par de perritos calientes de Pylsur, un puesto callejero cercano al puerto, famoso por vender los mejores perritos de Islandia. Una delicia!

Tocaba planear el viaje de vuelta al aeropuerto, y sabemos por experiencia que salir de Reikiavik en autostop no es tarea fácil, así que estuvimos barajando varias opciones. En el camping había un tablón donde la gente ponía sus necesidades para compartir coche, pero ninguno iba hacia el aeropuerto . . .  Así que estuvimos mirando los autobuses. Os recomendamos que no vayáis directamente a por un autobús de ruta directa ya que son más caros. Mirad  los planos de autobuses de línea según vuestra localización, pues algunos os llevan también al aeropuerto, se tarda pocos minutos más y te puedes ahorrar casi 10€ por cabeza! A nosotrxs nos tocó andar bastante hasta llegar a la parada más cercana donde pasaba ese autobús, pero todo sea por no gastar más dinero innecesario 😀

Ya en el aeropuerto, lo primero que hicimos fue ir a la zona de devolución de tasas donde te devuelven el IVA que hayas pagado por productos comprados en la isla y superior a un precio. Allí entregas tus datos y al tiempo te ingresan el dinero correspondiente en tu cuenta, o al menos eso dicen!

[ACTUALIZACIÓN: pasado casi un año desde el viaje seguimos sin recibir los 17€ que debían devolvernos].

Quedaban pocas horas para el vuelo pero las aprovechamos con una buena peli de Netflix y un sandwich.

HASTA PRONTO, I S L A N D I A

Nos volveremos a ver