Nairobi: La suerte del desastre

Con los nervios a flor de piel, montamos en el avión rumbo Londres donde cogimos el vuelo de 8 horas y media hacia Nairobi. Empezamos el viaje con buen pie porque, de todo el avión, fuimos lxs únicxs que teníamos los dos asientos de al lado libres, así que pasamos todo el vuelo tumbadxs!

Nueve de la noche hora local y aterrizamos según lo previsto. Lo no previsto era la interminable hora que nos tocó esperar para el control de aduanas. Nosotrxs ya teníamos visado, pero por no ser electrónico, nos tocaba en la fila de la gente que se lo hace al instante. Eso sí, como buenxs estrategas conseguimos convencer al de la ventanilla para que nos colara por tenerlo ya!

Íbamos con el miedo de que nuestros macutos se perdieran en el camino con tanto tiempo y tránsito entre aviones, pero ahí estaba! Parecía que todo iba viento en popa 🙂 Nada más salir por la puerta comenzaron a agobiarnos con cambio de dinero, taxis . . .

En casa habíamos considerado qué opciones teníamos para ir a la ciudad desde el aeropuerto: el autobús era inviable porque terminaba la ruta a las 21h y los taxis tenían un coste estimado de 20$, así que la mejor alternativa era un Uber por 8$. Por eso decidimos no caer en engaños e ir directxs a lo que teníamos en mente!

Se nos empezó a acercar otro tipo: que si es de información turística, que qué vamos a hacer, que si queremos hacer safaris, que dónde dormiremos . . .  “Starehe Link Hotel??!! Ni de broma! No vayáis allí, no es una zona segura, y menos por la noche”. Solo teníamos la reserva, pero para que dejara de intentar convencernos, le dijimos que ya habíamos pagado dos noches. El hombre siguió insistiendo, asegurando que nos acordaríamos de su cara toda la vida si íbamos allí. Para que le creyéramos, le pidió a un policía que nos dijera la verdad sobre la zona donde se encontraba el hotel, y este lo confirmó. Una mujer que estaba esperando un taxi, escuchó la conversación y nos pidió hacer caso al hombre porque estaba en lo cierto. Ella era de Nairobi pero vivvía en Londres, y se quedaría una semana en la ciudad. Ya eran tres personas las que nos aconsejaron no ir a ese hotel . . . Pero estábamos un poco agobiadxs porque ya eran las 23h y necesitábamos alojarnos en un sitio barato que admitiera huéspedes tan tarde. La mujer nos ofreció ir a su hotel y pagarnos la habitación: 100$!!! No se lo podíamos permitir, así que nos sugirieron ir al Manyatta Backpackers, que se encuentra en una zona segura y no muy lejos del centro. El buen hombre se ofreció a llevarnos a nosotrxs y a la mujer en su coche, y tiramos para delante; habíamos decidido fiarnos de estas dos personas que parecían muy nobles, y acabamos acertando. Finalmente, el traslado desde el aeropuerto nos salió gratis porque ella pagó ambas partes a nuestro amigo. David y Khadija son el ejemplo más claro de la hospitalidad keniana, y fue una inmensa suerte cruzarnos con ellxs.

 

KARIBU  |  Bienvenidx

Sin tener muy claro cómo se nos presentaba el día, pusimos rumbo al centro de Nairobi. Teníamos que cambiar dinero, comprar una tarjeta SIM con internet y también los billetes de tren que nos llevarían a Mombasa en unos días. Nada más salir del hostel, notamos cómo la gente nos miraba: somos Mzungus (blancos) y no se ven muchos por la ciudad sin la compañía de sus agencias de viaje. Al poco se nos acercó un hombre a interesarse por nosotrxs: se dirigía también al centro por lo que tendríamos que compartir camino. Hablamos de todo un poco: España, el clima, la ciudad… y ya nos dio su tarjeta de contacto. Trabajaba para una empresa que organiza excursiones y safaris. Ya no le escuchamos con tanto ánimo, pero aún así le contamos nuestros planes: queríamos hacer un safari pero por nuestra cuenta, ya que el precio sería muy diferente a los itinerarios cerrados de una agencia, y teníamos estas dos ideas:

a) Transporte en matatu a Narok (600kes), taxi hasta Maasai Mara (ida y vuelta 160$), dormir en Mara Explorers Camp (30$ – 2 noches) y safari contratado con lxs del camping (140$ entrada y game drive). Total: 255$/persona.

b) Alquilar un coche en Nairobi para 2 días (140$ + gasolina), entrada al parque (80$ + 300kes por el coche), y dormir en Wajee Campsite (7,5$ – 1 noches). Total: 157,5$ (+ gasolina)/persona.

Sin embargo, el hombrecillo nos hizo una oferta que parecía interesante, pero antes de decidir si ir con él a la oficina, necesitábamos cambiar dinero y comprar la tarjeta para el móvil.

Dejando a un lado los negocios, Cristopher era encantador y no sólo nos ayudó con todos los trámites, sino que nos hizo de guía por las calles principales.

El primer contacto con la realidad keniana fue tan impactante que nos dio seguridad ir con él: niñxs de la calle te agarran para pedirte dinero, el tráfico es caótico, eres el centro de todas las miradas, y la pobreza se palpa en cada esquina. Sin buscarlo, habíamos acertado en dejarnos acompañar por Cristopher para adaptarnos un poco a la ciudad antes de ir nosotrxs por libre.

En la oficina de su agencia, negociamos con su jefe Charles en base a nuestro presupuesto y forma de viajar. Era la primera vez que buscaban una alternativa diferente a su abanico de itinerarios, para adaptarse a nuestra situación. Después de una hora, cerramos el trato: por 195$ tendríamos transporte al Maasai Mara, un día y medio de safari, una noche en campamento, y comidas cubiertas. A cambio, al final del segundo día nos dejarían en Sekenani Gate (una de las entradas del parque), mientras el resto de clientes continuarían un día más de safari. Nuestra idea, a pesar de las dudas de Charles y los suyos, era conseguir un taxi compartido que nos llevara de vuelta a Narok; se trataba de la forma más barata que teníamos de disfrutar el Maasai Mara.

Con los deberes ya hechos, pasamos a visitar la ciudad por nuestra cuenta. Nos habían recomendado mantenernos alejadxs de cierta zona por no ser segura, así que nos quedamos por la zona más céntrica paseando. Era fiesta porque el día anterior terminaba el Ramadhan, así que muchos negocios estaban cerrados y la actividad en las calles era escasa. No había mucho que hacer y teníamos que saber dónde se concentran los matatus para el día que nos tocara coger uno. El problema era que la estación estaba en la zona poco segura. . .  Pero decidimos arriesgarnos, solo sería dar una vuelta.

Resultó ser la parte de la ciudad que más nos gustó y en ningún momento nos sentimos desconfiadxs. Las calles estaban llenas de gente, los locales estaban bien abiertos y se sentía la atropellada vida de Nairobi. Esto sí se parecía más a una capital de un país tan dinámico. Éramos de nuevo el centro de atención de todas las miradas, pero cómo no, si a nosotrxs mismxs nos sorprendió ver a otro mzungu por allí!

Una vez vista la zona de los matatus, éramos incapaces de salir de allí porque el ambiente te atrapa y ya se nos había hecho tarde para ir a la estación a comprar los billetes de tren de Mombasa, así que decidimos comer algo y ya los compraríamos otro día.

Llama la atención que en todos los comercios medianamente grandes hay un control de seguridad en la entrada: dos personas de uniforme con detectores de metales; incluso en un KFC (la única multinacional de comida rápida que vimos, por cierto).

El local donde comimos en el centro, tenía también habitaciones para dormir más baratas que el albergue (alejado) donde pasamos la noche anterior. Sin pensar más, nos fuimos al anterior hostal en busca de los macutos para cambiar de alojamiento!

Además, teniendo debajo de la habitación un restaurante, no hacía falta ni que saliesemos del edificio para cenar algo.

Ya tocaba descansar que al día siguiente nos íbamos de SAFARI! Pero no sabíamos que el bar que se encontraba entre las plantas del restaurante y las habitaciones, se convertía en pub por la noche . . .  Así que tocó sufrir un poco antes de caer rendidxs.



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