Hebrón, la ciudad fantasma

Es difícil comprender la ocupación que sufren en Palestina si antes no se conoce en qué consiste el sistema de zonas. Cisjordania y Gaza están divididas internamente en 3 zonas distintas desde los Acuerdos de Oslo de 1993:

  • Zona A o H1: se encuentra bajo control civil y militar palestino y solo representa el 18% de Palestina. Pertenecen a este área las grandes ciudades palestinas como Ramallah, Nablus o Belén. En teoría lxs israelíes tienen prohibida la entrada a la zona A pero tanto colonos como militares acceden con facilidad y regularidad.

  • Zona B o H2: hay un régimen mixto ya que el control civil es solo palestino mientras que el control militar es palestino e israelí. Lo conforman los pueblos y alrededores de las zonas A, representando así el 21% de Palestina.

  • Zona C o H3: el control civil y militar es israelí. Constituye el 60% de Palestina, englobando los asentamientos israelíes, las tierras fértiles, las carreteras principales y las fronteras.

Hebrón es la ciudad cisjordana donde más se siente la ocupación, pero es un caso llamativo porque comprende zona A y B a la vez. El 80% de la ciudad la ocupan lxs palestinxs (zona A), mientras que el 20% es zona B. Frente a lxs 175000 palestinxs que viven en Hebrón, hay unxs 800 colonos israelíes y 600 militares vigilando. 20 de los 250 check-points de todo el territorio, se encuentran en Hebrón.

Y después de esta chapa que consideramos fundamental, os contamos un poquito nuestra experiencia allí. 

Una tarde recorrimos todo el caso histórico de Hebrón envueltos en el discurso de Abdallah, a quien se le humedecían los ojos cada vez que contaba uno de tantos hechos crueles sufridos en la ciudad. En este casco histórico está el asentamiento, pisos de colonos encima de los locales palestinos que conforman el mercado principal. Todo el recorrido de este bazar tiene una estructura de rejas y lonas a 3 metros de altura para proteger a lxs palestinxs de piedras, orina y ácido que lanzan lxs israelíes desde sus ventanas. Humillación y tortura. Además, todo el centro de la ciudad está repleto de cámaras que espían la vida diaria y que nunca están rotas cuando se graba algo en favor de algún israelí que lleva a juicio a otro palestino. ¿Casualidad que al revés no funcionen?

Estábamos paradxs frente a la entrada de la base militar del centro mientras Abdallah hablaba, cuando salieron 30 soldadxs a patrullar como a diario con el objetivo de intimidar a la población. Notamos cómo entre nosotrxs crecía una sensación de rabia e impotencia al ver aquello mientras aún procesábamos las terribles historias de Hebrón.

Pudimos subir a la azotea de una casa ya vacía por haber sido ocupada y confiscada en beneficio israelí. Una vez arriba, nos confundió el paisaje que vimos: cientos de bidones negros en las azoteas de las casas, por toda la ciudad. Israel posee el control total sobre el agua en todo el territorio, de modo que lxs palestinxs tienen prohibido acceder a su propio agua subterránea a través de pozos. Para el suministro, se utilizan los bidones negros en las casas palestinas, que Israel rellena cuando quiere . . .  y pude estar semanas sin hacerlo. Por tanto, lxs palestinxs se ven obligadxs a comprar su propio agua a Israel, al precio que éste marca. Esta es la razón por la cual es fácil distinguir a distancia si una casa es palestina o israelí: con bidón o sin bidón en la azotea.

En cuanto a nuestra sensación general . . .  Es triste pasear por el casco viejo de la ciudad (zona B), porque suele estar algo vacío dadas las circunstancias de vida al lado de colonos. Frío, silencioso, apagado. Pero hay una gran diferencia con la zona A, que rodea el centro de Hebrón y te sobrecoge lo que ves: está repleto de vida. Se respira lucha, resistencia, activismo. Tiene color.

Y entre la multitud de aquello en plena calle, vivimos de primera mano una carga militar. En un momento dado, los soldados patrullaban en fila a 2 metros de nosotrxs, en nuestra misma dirección. Atrás se escucharon los gritos de rechazo de un grupo de civiles y fue suficiente para que comenzaran las cargas: los militares lanzaban gas lacrimógeno sin escrúpulo mientras la gente se dispersaba y nosotrxs corríamos hacia el final de la avenida para protegernos ante aquella situación tan peligrosa como injusta. Pudimos grabarlo, y recordamos con todo detalle el caos que se formó, convirtiéndose en una experiencia de choque brutal contra la realidad palestina. Entonces comprendimos muchas cosas.



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