Djúpivogur es uno de los primeros pueblos de los fiordos del este de Islandia. No tiene mucho que ver, pero después de una hora intentando hacer autostop, tuvimos que tomar la decisión de pasar allí la noche, ya que se hacía tarde. Había camping con comedor cubierto –puedes llorar de la emoción!-. Esto nos sirvió para terminar de secar toooodas nuestras cosas, a pesar de que los carteles indicaran que concretamente eso no podía hacerse . . .  pero al chico encargado le caímos bien, sobre todo por hacer el viaje a nuestro modo, y no puso inconveniente, además de darnos la clave del wifi sin pagar 🙂 (gracias, karma). También conocimos a una pareja de jóvenes españoles majísimxs que nos invitaron a desayunar un Colacao calentito por la mañana! Nuestros desayunos se basaban en té, que es lo que menos pesaba en el macuto; de ahí que nos emocionara tanto su invitación.

 

día 5

EGILSSTADIR

Ya vuelta a la carga, esa mañana posiblemente fue el momento de todo el viaje que más tiempo estuvimos esperando a que alguien parase, incluso cambiamos de punto a ver si servía de algo . . . Y por fin ocurrió! Un agradable neoyorkino llamado Jason nos dejó en Egilsstaðir tras 155 kms compartiendo una buena conversación con nosotrxs. Tuvimos bastante suerte, porque además de ser un tipo muy abierto y hablador, le gustaba mucho la fotografía, por lo que paraba de vez en cuando en lugares llamativos que nos permitían también disfrutar de las visitas y sacar nuestras cámaras de paseo. 

 

 

Como el día anterior tuvimos que coger el autobús caro de la muerte para alejarnos un poco de la lluvia interminable, nos saltamos varios puntos que queríamos visitar y que eran imprescindibles para nosotrxs. Por eso alquilamos un coche en el aeropuerto de Egilsstaðir (70 euros – 24h), que usaríamos al siguiente día para poder recuperar las distancias perdidas! Deshacer nuestros pasos en autostop no serviría de nada, ya que la lluvia por el sur no amainaba, nos encontraríamos en la misma situación de esperar empapadxs a que alguien parara, y nos quitaría un valioso tiempo de viaje que no habíamos previsto. Esos fueron los motivos por los que nos vimos obligadxs a alquilar un coche durante un día entero para poder visitar los lugares que aún no habíamos disfrutado entre Vík y Egilsstaðir.

Pero antes de eso, quedaba toda la tarde por delante en esta ciudad del Este, y la aprovechamos en las magníficas piscinas municipales que, como todas las de Islandia, son de agua caliente! Un buen regalo para nuestros cuerpos, que ya empezaban a estar cansados de tanto trote y tantos imprevistos. 

 

día 6

SKAFTAFELL  –  JÖKULSÁRLÓN  –  DIAMOND BEACH 

Nuevo día y nuevas aventuras! De buena mañana nos dimos un paseo hasta el aeropuerto de Egilsstaðir para recoger nuestro coche alquilado. Es un aeropuerto desértico y enano pero por increíble que parezca, se alquilan coches. Mientras gestionábamos los papeles nos informaron de que la fianza equivaldría a 1500€! Dinero que no teníamos, pero no dijimos nada y sirvió con dar el número de la tarjeta de crédito –cuyo gasto máximo permitido es de 1000€-, por lo que debíamos andar con mucho cuidado para no dañar el coche.

Nuestra idea era retomar la ruta desde Vík para ver la parte del sureste que nos habíamos saltado por la maldita lluvia, volviendo a Egilsstaðir al anochecer.

La primera parada fue el glaciar de Skaftafell. Hay distintos puntos en los que te puedes acercar a verlo, pero nosotrxs decidimos ir hasta el centro de visitantes del glaciar y desde ahí ir a pie a verlo. Se pueden contratar excursiones organizadas para ir por encima del glaciar con crampones y material técnico, pero hay que pagar bastante. Sin embargo, existen varios senderos que llegan casi al pie del glaciar. Uno de ellos lleva a la cascada de Svartifoss, pero son más kilómetros y debíamos gestionar nuestro tiempo. Por eso decidimos tomar el camino más corto, siendo más o menos 45 minutos andando hasta el glaciar y su laguna. Nosotrxs lo vimos con llovizna y aún así fue increíble. Es una inmensidad que te deja con la boca abierta.

 

Glaciar desde la Ring Road

La siguiente parada, la favorita y que con más ansia se espera, fue Jökulsárlón, un lago lleno de icebergs que surge debido al deshielo del glaciar perteneciente al Parque Nacional Vatnajökull. Es un lugar maravilloso y con suerte podrás ver unas cuantas focas nadando libremente, que asomarán la cabeza de vez en cuando para curiosear quién anda por sus tierras. Fuimos muy afortunadxs por presenciar esta escena tan auténtica, y con el cielo por fin despejado pudimos disfrutarlo aún más.

 

 

El lago desemboca en el mar a unos metros de distancia, y recolectando las olas está Diamond Beach, una playa de arena negra tan bonita como singular, ya que está repleta de pequeños icebergs procedentes de Jökulsárlón. Merece mucho la pena perder un largo tiempo mirando al mar y jugando con el hielo.  El contraste del color de la arena con los bloques de hielo y las olas es, sin duda, una maravilla de la naturaleza.

 

 

Ya se nos iba acabando el día y, para terminar, queríamos hacerlo con un baño en las termas naturales de Hoffella 1 hora de Jökulsárlón-. Son unas termas con formas circulares que invitan a quedarse allí horas. Creíamos que eran gratis al estar en mitad de la nada, pero al llegar descubrimos que no era así, pues hace un tiempo se instaló junto a las termas una caseta donde una persona te cobra por bañarte en ellas. No estábamos dispuestxs a gastar más dinero después de pagar mucho ese día por la gasolina y el coche, por lo que nos fuimos directamente hacia Egilsstaðir.

No teníamos que devolver el coche hasta el día siguiente y para aprovecharlo, aparcamos en el parking del camping donde estuvimos la noche anterior y dormimos dentro de él; así estaríamos listxs para por la mañana ir directxs al aeropuerto a devolverlo y empezar nuestro camino hacia el norte de la isla!