El pueblo silenciado

Esta es la verdad sobre Palestina.

El movimiento sionista buscaba (y busca) crear un Estado únicamente para judíxs, porque consideraba que el judaísmo era una etnia en sí misma más que una religión. Entonces empezó la ocupación, lenta y silenciosa. Desde el primer olivo a la última gota del río Jordán, fueron arrebatando tierras que no llevaban sus nombres. 

De 1936 a 1939 tuvo lugar la Gran Revuelta Árabe, la de lxs palestinxs que se levantaron contra el colonialismo británico. Un intento de conseguir la libertad de su tierra e independencia de su pueblo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, a raíz de los horrores del genocidio nazi y en un intento de compensar a lxs judíxs por el dolor, Naciones Unidas y Gran Bretaña adjudicaron el 56% de Palestina a lxs sionistas para crear un nuevo Estado judío, Israel. Palestina era el lugar indicado para el asentamiento por encontrarse en Tierra Santa, y Jerusalén debía ser la capital de Israel porque era la ciudad sagrada para lxs judíxs. Por ello, fue un acto deliberado y sistemático que lxs sionistas consideraron necesario, una clara limpieza étnica que a día de hoy continúa desgastando vidas.

Ese. Ese es el momento de inicio de la Nakba (1948), el desastre, la catástrofe, suponiendo una expulsión masiva de casi un millón de palestinxs árabes, arrancadxs de raíz de sus hogares, marcadxs por un daño ya irreversible. El 85% de la población fue desplazada.

En junio de 1967, 19 años después de la independencia de Israel, ocurrió la Guerra de los Seis Días. Las tensiones que existían entre Israel y Siria, Egipto, Jordania e Irak, desembocaron en un ataque aéreo israelí a sus naciones vecinas antes de que estas pudieran reaccionar. Su victoria supuso en parte la colonización de otro 22% de Palestina (450000 personas más expulsadas), sumando así un 78% de territorio ocupado. A día de hoy, esa ocupación se sigue extendiendo silenciosamente como la pólvora, y con pólvora Israel va dejando un camino de destrucción a su paso. La Nakba no terminó, continúa.

Continúa en la denegación del Derecho a la Reunificación Familiar y del Derecho al Retorno de tantxs y tantxs palestinxs desplazadxs o refugiadxs.

Sigue presente en la Ley de Propiedad de Ausentes, por la que las autoridades israelíes se apropian de tierras de palestinxs que han dejado sus hogares, aun por motivo de expulsión forzosa.

Continúa en las detenciones arbitrarias a todo tipo de personas, incluidxs menores de edad, y en la violencia indiscriminada sobre la población palestina día tras día, destruyendo sus viviendas, humillándoles y provocando incesantes bajas civiles.

Permanece en el control total sobre el agua que corre bajo el territorio palestino, y que solo tienen a su alcance cuando el ejército sionista decide llenar los bidones que todos los hogares palestinos tienen en su azotea.

También continúa en los más de 250 check-points (puestos de control militar) por los que tienen que pasar lxs palestinxs a diario aunque solo vayan a comprar el pan. Por los que han muerto personas esperando una ambulancia que no llegó al denegársele el paso.

Sigue en la distinción entre matrículas blancas y amarillas, que impiden circular libremente a lxs palestinxs por las carreteras.

Sigue en el Muro de la Vergüenza, que muestra el apartheid sin ningún disimulo.

Se refleja en la certeza de que el pueblo palestino constituye la población desplazada y refugiada más numerosa y más antigua del mundo: hasta 12 millones de personas desde 1948.



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