Fisherman’s Camp es uno de tantos campings del lago Naivasha donde despertarte en la naturalidad de un día soleado. Salir de la tienda de campaña, montarte en una bici y pasear entre cebras y jirafas parece más de película que de uno de nuestros viajes. No todos los safaris consisten en pagar una buena cantidad de dinero y asomar la cabeza por el techo del todoterreno para ver la vida salvaje. Existe un lugar, llamado Hell’s Gate, donde tienes la oportunidad de casi ser un individuo más de la reserva. Este parque natural de 68 km² te abre sus puertas por 25€ para que des un paseo a tu elección entre animales: a pie, en bici o en coche. Aquí no habitan depredadores, razón por la que puedes recorrer los caminos libremente sin ninguna protección, sin miedo a perderte, y con la mágica sensación de estar más cerca de los animales. Nosotrxs alquilamos dos bicis en el camping por 500 kes el día, pero en la intersección de la carretera con Elsa Gate – la puerta principal de Hell’s Gate – hay posibilidad de alquilar también. Desde ahí, debes recorrer 2km hasta la entrada, pero solo admiten el pago con tarjeta o con Mpesa!

Antes de empezar la aventura, es recomendable hacerse con un mapa y no coger el primer camino donde veas unas simpáticas cebras pastando, si no quieres hacer kilómetros de más con desniveles variados, como les pasó aquí a lxs amigxs . . .

Tuvimos la suerte de ver cebras a cada pedaleo que dábamos, con sus irregulares líneas negras y blancas que las vuelven tan bonitas y especiales.

 

 

Una jirafa con su pequeña y veloz cría echaron a correr cuando nos adentramos en la maleza para verlas a menos distancia, y una familia de babuinos cruzaron el camino en fila justo a nuestra altura, mientras otra familia de “pumbas” nos vigilaba por si hacíamos algún movimiento sospechoso que amenazara su existencia.

 

 

También pudimos contemplar a una manada de búfalos a lo lejos, que descansaban a la sombra de los árboles. No es fácil describir qué se siente cuando vas en bici entre la naturaleza más auténtica de Kenya, con sus paisajes color tierra, y encontrar animales en libertad a ambos lados del camino.

Después de un largo paseo bajo el sol, hicimos 8 km hasta el Gran Cañón de Hell’s Gate, que se desarrollan en una suave y larga cuesta a tu favor, pero solo de pensar en la vuelta se te caen las gotas por la frente. No hay que estar en muy buena forma física ni ser un/a expertx con la bici, porque el camino de regreso, aunque cansado, se puede hacer sin dificultad mayor.

El Gran Cañón es un recorrido entre altas paredes de curvas y pliegues muy característico del parque, y es aconsejable ir con uno de los guías que esperan al inicio porque tiene sus obstáculos. Nosotrxs hicimos el recorrido corto (30’) por 1500kes (12-13€) en total, pero como el simpático de nuestro guía nos dijo que nos veía bastante ágiles a la hora de saltar y subir, nos llevó también por parte del camino largo.

Como no nos apetecía sufrir la cuesta arriba otra vez después del cañón para salir por Elsa Gate, tanteamos terreno con él a ver si era posible que algún vehículo nos llevara de vuelta, y nos dijo que con un poco de suerte podríamos montar en un autobús de un colegio que estaba de excursión. De las bicis se encargarían los rangers, que suelen llevar todas de regreso hasta la entrada del parque cargándolas en un camión todoterreno. Sin embargo, nuestra suerte fue mayor de la esperada, pues al terminar el circuito, este camión estaba a punto de irse así que nos montamos en él con los rangers y deshicimos los kilómetros a lomos de ese monstruo con vistas de altura!

La vuelta al camping ya la podíamos hacer relajadamente y sin prisas, por lo que aprovechamos para parar en un camping cercano al Fisherman’s a echarle un ojo. Lo cierto es que tenía mejor ambiente, más personas que en el nuestro y una decoración exótica que nos gustaba más. Eso sí, era más caro y los baños más cutres, suficiente para no desmontar la tienda y volver a montarla; nos quedamos con lo “malo” conocido.

Otra noche a orillas del lago Naivasha que nos sirvió para coger fuerzas. El viaje continúa y el tiempo se agota . . .  era hora de dirigirse hacia el este para disfrutar Mombasa y la costa swahili!

Kwaheri!