Belén y sus campos de refugiadxs

Belén es la única ciudad de Palestina a la que puedes entrar sin tener que ocultarlo. Lxs israelíes permiten el tránsito de turistas porque se trata de un lugar de culto para el cristianismo, pero para acceder hay que pasar por un check-point como en todo el territorio ocupado. Esa es la forma rápida; la otra supone dar un rodeo para evitar el check-point pero alargando así el trayecto.

¿Te imaginas que los Reyes Magos hubiesen sido arrestados en el puesto militar, o se les hubiese denegado la entrada en su camino hacia el portal de Belén? Es lo que habría podido ocurrir en este lugar si la ocupación hubiera comenzado entonces. Pero tranquilx, a ti no te van a impedir el paso porque es una estrategia de Israel: de cara al mundo, son inofensivxs. No les interesa que la comunidad internacional tenga una mala imagen suya.

Belén es una ciudad llena de vida, sobre todo en el centro histórico, donde resalta la variedad de colores de las tiendas y puestos ambulantes. La amabilidad con la que te trata la gente es una pequeña caricia al corazón.

Hay tres campos de refugiadxs en la zona: Aida, Dheisheh y Beit Jibrin (o ‘Azza). Nosotrxs recorrimos las calles de los dos primeros, mientras escuchábamos historias de dolor y resistencia.

AIDA

Es difícil escribir sobre este Campo sin que te tiemble la palabra. Ni si quiera aparece su ubicación en Google Maps gracias a lxs sionistas; es como si hubieran logrado por fin su propósito: que desaparezca.

Se estableció en 1950 y actualmente viven 3150 personas refugiadas a lo largo y ancho de sus 0,71 km².  Está situado en una mala zona para vivir como palestinx: al costado del Muro de la Vergüenza, junto a una torre de control militar y próximo al check-point entre Jerusalén y Belén. Esto significa que el Campo de Refugiadxs de Aida es un campo de entrenamiento para las Fuerzas de “Seguridad” Israelíes (FSI). Lxs palestinxs que allí viven tienen que lidiar con incursiones constantes del ejército, que practican sus ejercicios de detenciones o patrulla con armas de fuego y gas lacrimógeno. Por tanto, es una población que sufre numerosas bajas civiles.

Aida fue uno de los lugares que más nos tocó. Pasamos dos días con lxs voluntarixs de Lajee Center, un centro comunitario que trabaja con lxs niñxs y jóvenes de Belén en los ámbitos cultural, social y artístico con el consiguiente objetivo de que persista en ellxs la lucha palestina. 

Salah nos contó su vida en torno al activismo político y su estancia en la cárcel cuando tenía 14 años. Nos acercó también la historia de Lajee y los incidentes diarios que se viven en Aida. Con él recorrimos las calles del Campo y caminamos junto al muro que lo rodea, lleno de pintadas de resistencia. Nos mostró los agujeros de bala en la fachada del colegio y cómo las ventanas fueron tapiadas por seguridad de lxs alumnxs. Nunca se nos olvidarán sus manos cogiendo canicas del suelo: son el arma de resistencia de lxs niñxs, las lanzan con sus tirachinas a los soldados cuando entran al Campo.

Mussa y su cámara convierten la realidad palestina en imágenes y vídeos que comparten con el mundo para denunciar cada acto. En la azotea de Lajee al anochecer, nos mostró su cicatriz mientras fumaba un cigarrillo: bajo el ojo derecho le pusieron una placa de metal tras perder parte del hueso de la cara cuando le disparó un soldado por grabar mientras éste amenazaba a lxs niñxs dentro del centro. Durante el relato de esta historia, un soldado israelí nos apuntaba con su M16 desde abajo en la calle, a unos cuantos metros de Lajee. Permaneció así durante 10 minutos, tratando de intimidarnos. 

Por lo demás, podemos decir que recordamos con todo el cariño del mundo aquella tarde de Festiclown en el campo de fútbol de Aida. Teníamos los pies descalzos sobre el césped, jugábamos con lxs niñxs y estxs hacían pompas de jabón tan grandes como los montones de casquillos de bala y cartuchos de gas acumulados en las aceras.

DHEISHEH

 



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